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    Cuando la maternidad no se vive como se esperaba: acompañamiento psicológico en la etapa perinatal

  • Reflexiones desde la clínica
  • Cuando la maternidad no se vive como se esperaba: acompañamiento psicológico en la etapa perinatal
  • 10 de febrero de 2026 por
    Sandra Villuendas Sanz

    La maternidad suele llegar rodeada de expectativas. Propias y ajenas. Ideas sobre cómo debería sentirse una, cómo debería vivirse el embarazo, el parto o el posparto. Imágenes de plenitud, conexión inmediata, felicidad evidente.

    Sin embargo, no siempre ocurre así.

    Para muchas mujeres, la experiencia de convertirse en madre —o de acompañar una maternidad muy cercana— no coincide con lo que se había imaginado. Y cuando eso sucede, el contraste puede vivirse con sorpresa, culpa o una profunda sensación de extrañeza.

    La distancia entre lo esperado y lo vivido

    Hay maternidades que llegan tras un largo deseo, y otras que irrumpen sin haber sido del todo pensadas. Hay embarazos tranquilos y otros atravesados por miedo, ambivalencia o malestar físico y emocional. Hay partos idealizados que no salen como se esperaba. Hay pospartos marcados por el cansancio, la soledad o una tristeza difícil de nombrar.

    Cuando la experiencia real no encaja con el ideal, suele aparecer una pregunta silenciosa:

    ¿qué me pasa?, ¿por qué no me siento como debería?

    El problema no es el malestar en sí, sino la dificultad para darle un lugar cuando parece no estar permitido.

    La idealización de la maternidad

    Socialmente, la maternidad sigue estando muy cargada de ideales. Se espera que sea una experiencia naturalmente gratificante, que el vínculo con el bebé sea inmediato, que el amor lo inunde todo. Estas narrativas dejan poco espacio para la ambivalencia, el cansancio, la duda o incluso el rechazo momentáneo.

    Cuando una madre no se reconoce en ese relato, puede sentirse aislada, defectuosa o culpable. Como si hubiera algo mal en ella, en lugar de poder pensar que la maternidad es una experiencia profundamente transformadora y, por eso mismo, compleja.

    No todo lo que nace es inmediato. Tampoco el vínculo.

    La maternidad como experiencia subjetiva

    Cada maternidad es singular. No hay una única forma válida de vivirla. No hay tiempos correctos para sentir, para adaptarse o para vincularse. La llegada de un hijo no solo introduce una vida nueva, también desordena equilibrios previos: el cuerpo, la identidad, los vínculos, el lugar que uno ocupaba hasta entonces.

    A veces, lo que aparece no es amor, sino desconcierto. No es alegría, sino una sensación de pérdida: de la vida anterior, del propio cuerpo, del tiempo, del lugar que se tenía. Poder reconocer esto no significa rechazar la maternidad, sino empezar a hacerla propia.

    Cuando el malestar se vive en silencio

    Muchas madres atraviesan este malestar en soledad. Cuesta decirlo en voz alta por miedo a ser juzgadas o a no ser comprendidas. El entorno, con buena intención, suele responder con frases tranquilizadoras que, sin embargo, cierran la posibilidad de hablar: “ya se te pasará”, “es normal”, “deberías estar feliz”.

    Pero cuando el malestar no encuentra palabras, no desaparece: se intensifica.

    Poder hablar de lo que no encaja, de lo que duele o descoloca, es una necesidad, no un fallo.

    Acompañar la maternidad sin idealizarla

    El acompañamiento psicológico en la etapa perinatal no busca enseñar a ser madre ni corregir emociones. Su función es ofrecer un espacio donde la experiencia pueda ser dicha tal como es, sin exigencias ni modelos a alcanzar.

    A veces, lo que necesita una madre no es una respuesta, sino un lugar donde poder decir: “esto no era como lo imaginaba”. Cuando esa frase encuentra escucha, algo del peso empieza a redistribuirse.

    Nombrar la ambivalencia no rompe el vínculo; al contrario, puede hacerlo más verdadero.

    Dar tiempo a lo que se está construyendo

    El vínculo con un hijo no siempre aparece de forma inmediata ni intensa. En muchos casos, se construye poco a poco, en el día a día, en gestos pequeños y repetidos. Dar tiempo a ese proceso es fundamental.

    Aceptar que la maternidad no se vive como se esperaba no significa renunciar a ella, sino abrir la posibilidad de vivirla de un modo más propio, menos sometido a ideales ajenos.

    Un espacio para poder hablar

    Como psicóloga perinatal en Zaragoza, acompaño a madres y familias en los distintos momentos de esta etapa: embarazo, posparto, dificultades en el vínculo, duelos y transformaciones subjetivas. El objetivo no es normalizar el sufrimiento, sino ofrecer un espacio de acogida donde la experiencia pueda ser pensada y elaborada.

    Cuando la maternidad no se vive como se esperaba, pedir ayuda puede ser una forma de cuidado. No para ajustarse a un ideal, sino para encontrar una manera singular de habitar lo que está ocurriendo.

    Si estás atravesando un momento de dificultad en la maternidad y necesitas un espacio donde poder hablar de ello, puedes encontrar más información sobre cómo trabajo y el acompañamiento perinatal en Zaragoza aquí.


       
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     © Sandra Villuendas. Psicóloga
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